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BATALLA DE BORODINÓ: El Día Más Sangriento
El 7 de septiembre de 1812, en una franja de tierra arrasada por los cañones, se libró la batalla más terrible de las guerras napoleónicas. Borodinó no decidió una campaña. No destruyó un ejército. No cambió el curso de la guerra. Pero fue el día en que la Grande Armée perdió su alma.
PRIMERA PARTE: EL CAMINO A MOSCÚ
Napoleón había cruzado el Niemen el 24 de junio de 1812 con más de 500,000 hombres. Era el ejército más grande jamás reunido. Pero los rusos no daban batalla. Retrocedían, quemando sus campos, sus pueblos, sus cosechas. No dejaban nada para el invasor.
Los franceses avanzaban. Pero cada kilómetro les costaba hombres. Las enfermedades, el agotamiento, la deserción. Cuando Napoleón llegó a Borodinó, a 110 kilómetros de Moscú, su ejército se había reducido a 130,000 hombres.
Enfrente, el mariscal Kutúzov, el viejo zorro ruso, había reunido 120,000 hombres. Había elegido su terreno. Las colinas de Borodinó eran defensa natural. En el centro, los reductos de Raevski. En el flanco izquierdo, las flechas de Bagration.
Napoleón no quería esta batalla. Quería que los rusos se rindieran sin pelear. Pero Kutúzov estaba decidido. El ejército ruso necesitaba dar batalla. El pueblo ruso necesitaba ver que su ejército peleaba. Napoleón tendría su batalla. Y sería la más sangrienta de todas.
SEGUNDA PARTE: EL DESPLIEGUE
| Bando | Efectivos | Comandante |
|---|---|---|
| Francia | 130,000 hombres | Napoleón Bonaparte |
| Rusia | 120,000 hombres | Mijaíl Kutúzov |
La batalla comenzó a las 6 de la mañana. Napoleón ordenó un ataque frontal contra las flechas de Bagration. Quería que Kutúzov enviara sus reservas allí para debilitar el centro. Pero Kutúzov no mordió el anzuelo.
El mariscal Davout, el mejor de los mariscales de Napoleón, atacó con 25,000 hombres. Las flechas cambiaron de manos una y otra vez. Bagration, herido en una escaramuza anterior, dirigía desde una litera. Cuando vio que sus hombres vacilaban, se levantó.
—¡Conmigo! —gritó, y cargó al frente de sus soldados.
Una bala de cañón le destrozó la pierna. Bagration cayó. Sus soldados lo vieron caer. Retrocedieron. Las flechas quedaron en manos francesas. Pero Napoleón había perdido a 15,000 hombres para tomarlas.
TERCERA PARTE: EL REDUCTO DE RAEVSKI
Al mediodía, Napoleón concentró su ataque en el reducto central. 400 cañones franceses abrieron fuego. La infantería avanzó. Los rusos los recibieron con bayonetas. El reducto cambió de manos tres veces.
Los generales franceses pedían la Guardia Imperial. 20,000 soldados frescos, los mejores de Europa, esperaban la orden de atacar. Napoleón dudó. No quería lanzar su última reserva a 1,500 kilómetros de Francia. No quería arriesgar su única esperanza de retirada.
—No —dijo—. No esta noche.
El reducto cayó al atardecer. Pero los rusos se retiraron en orden. Napoleón había ganado el campo de batalla. Pero no había destruido al ejército ruso. Y Kutúzov se retiraba con sus 80,000 hombres intactos.
CUARTA PARTE: EL PRECIO
| Bando | Bajas |
|---|---|
| Francia | 30,000 muertos y heridos |
| Rusia | 45,000 muertos y heridos |
Fue el día más sangriento de las guerras napoleónicas. Los oficiales franceses contaron después que en algunos regimientos, sólo quedaban 100 hombres en pie. Las pérdidas fueron tan terribles que muchos soldados, en ambos bandos, prefirieron morir a continuar.
El mariscal Ney, el más valiente de los bravos, dijo después:
—No vi a un solo hombre, francés o ruso, que no estuviera cubierto de sangre.
Napoleón recorrió el campo de batalla al día siguiente. Vio los cadáveres apilados como leña. Vio a sus soldados mutilados arrastrándose por el barro. Vio caballos muertos con las monturas todavía puestas.
—Esta es la más terrible de mis batallas —dijo a sus oficiales—. Los franceses se mostraron dignos de la victoria, y los rusos se mostraron dignos de ser invencibles.
QUINTA PARTE: LA CONSECUENCIA
Borodinó no fue una victoria decisiva. Los rusos se retiraron, pero su ejército seguía vivo. Napoleón entró en Moscú una semana después. La ciudad estaba vacía. Esa noche, comenzó a arder. Ardió durante cinco días. Cuando el fuego se apagó, tres cuartas partes de Moscú habían desaparecido.
Napoleón esperó cinco semanas la rendición del zar. La rendición nunca llegó. El 19 de octubre, ordenó la retirada. El invierno ruso cayó sobre su ejército. Los caballos morían congelados. Los soldados devoraban su carne aún caliente. Los cosacos acosaban las columnas. De los 130,000 hombres que habían peleado en Borodinó, solo 10,000 regresaron en formación.
Borodinó no fue el fin de Napoleón. Pero fue el principio del fin. Fue la batalla que quebró su ejército. Fue la batalla que le enseñó que los rusos no se rendían. Fue la batalla que abrió la puerta a Leipzig, a Waterloo, a Santa Elena.
SEXTA PARTE: LO QUE LA BIBLIA ENSEÑA
| Principio | Escritura |
|---|---|
| La soberbia precede a la caída | Proverbios 16:18: "Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu." |
| La victoria no es del que la cree segura | Eclesiastés 9:11: "Ni de los fuertes la batalla." |
| El que siembra viento, cosecha tempestades | Oseas 8:7: "Sembraron viento, y tempestad segarán." |
| El poder es prestado | Daniel 4:35: "Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada." |
Napoleón creyó que Borodinó le abriría las puertas de Rusia. Pero Borodinó le abrió las puertas de su propia destrucción. Lo que sembró en Borodinó, lo cosechó en las nieves de la retirada.
EPÍLOGO: EL CANTO DE LOS MUERTOS
En Borodinó, el ejército francés perdió a 30,000 hombres. Perdió a sus mejores oficiales. Perdió la confianza en su emperador. Perdió la certeza de que Napoleón era invencible.
Los soldados que sobrevivieron caminaron 2,000 kilómetros de regreso. Muchos no llegaron. Los que llegaron, nunca olvidaron. Cuando Napoleón fue desterrado a Elba, sus veteranos no lloraron. Cuando Napoleón regresó a Francia, no lo aclamaron. Cuando Napoleón cayó en Waterloo, no lo defendieron.
Borodinó fue la batalla que quebró su lealtad. Fue la batalla donde Napoleón demostró que estaba dispuesto a sacrificarlos todos. Y ellos, que lo habían seguido desde Italia, desde Egipto, desde Austerlitz, ya no lo siguieron más.
Isaías 40:15: "He aquí que las naciones son como una gota de agua en el cubo, y como el polvo en la balanza son estimadas."
Napoleón creyó que sus soldados eran instrumentos de su gloria. Pero los soldados no eran instrumentos. Eran hombres. Y Borodinó fue el día que esos hombres dejaron de creer.
¿Y tú, qué opinas? ¿Crees que Napoleón debió lanzar la Guardia en Borodinó? ¿Hubiera cambiado eso el curso de la campaña? Comparte tu reflexión en los comentarios.
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